Las renovables le ahorraron el año pasado a la economía española 6.000 millones de euros


Las primas que percibieron en 2016 las tecnologías renovables ascendieron a 5.360 millones de euros

Las renovables le ahorraron el año pasado a la economía española 6.000 millones de euros

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Son solo un par de los mil datos que incluye el último «Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España», balance anual (de la actividad del sector de las EERR) que este año cumple nueve ediciones. Según ese Estudio, que ha sido presentado hoy por APPA, si el año pasado no hubiese habido energías renovables en España, nuestra economía habría tenido que emplear 6.000 millones de euros en importar los productos energéticos equivalentes. Las renovables cobraron el año pasado 5.360 millones de euros en primas. [En la imagen, la Plataforma Solar de Almería, uno de los centros de I+D en energía solar más importantes del mundo].
Las renovables le ahorraron el año pasado a la economía española 6.000 millones de euros
"El uso combinado de renovables en generación eléctrica -eólica, fotovoltaica, termosolar-, energía térmica -biomasa, geotermia, solar térmica- y biocarburantes -biodiésel, bioetanol- permitió el año pasado evitar la importación de casi 20 millones de toneladas equivalentes de petróleo, lo que ha supuesto en 2016 un ahorro en importaciones energéticas equivalente a 5.989 millones de euros". El dato lo aporta la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) en su último Estudio Macroeconómico, que repasa, tan exhaustivo como siempre, todos los números del sector.
Sí, casi 6.000 millones de euros hubieran volado allende las fronteras si en España no hubiera instalaciones de aprovechamiento de las energías autóctonas (las renovables): léase parques eólicos, huertas fotovoltaicas, centrales termosolares, etcétera, etc. Vamos, que, si toda la electricidad, toda la energía térmica y todo el transporte que las energías renovables le proporcionaron el año pasado a España hubiésemos tenido que comprárselos a otras naciones -en forma de uranio, carbón, petróleo, gas o electricidad-, España se hubiese gastado 6.000 millones más de los que se gastó el año pasado.
A dónde quiere la ciudadanía española que vaya a parar su dinero
Según el Ministerio de Economía, los españoles compramos en 2016 -a Arabia Saudí, Irak, Argelia, Nigeria, Catar, Kazajistán y otros países- productos energéticos por valor de 29.563,2 millones de euros, toda una sangría económica que hubiese sido más sangrante aún si aquí no tuviéramos instalaciones renovables. La dependencia es el más grave de los problemas energéticos que padece España. Hasta el punto de que, el año pasado, cerca de la mitad de los recursos que entraron en el país por la puerta del Turismo se marcharon de aquí (casi 30.000 millones de euros) por la ventana-agujero, enorme, de la Energía.
El agujero energético nacional es tal que, si a nuestra balanza comercial le quitáramos los productos energéticos, 2016 se hubiera saldado con superávit, pues España exportó más (bienes y servicios de todo tipo) de los que importó. Sin embargo, con los productos energéticos en esa balanza, el superávit se disuelve. Y, así, el año pasado, la economía nacional registró un déficit total de 18.753 millones de euros, de los que el déficit energético –apunta APPA en su Estudio- supone el 87% del total. La dependencia energética española alcanzó en 2016 una tasa del 72,3% (18 puntos por encima de la media UE).
¿Solución?
Pues la solución, evidentemente, radica en producir puertas adentro la energía que ahora compramos allende las fronteras. Y eso –producir energía- España solo puede hacerlo con fuentes renovables: la biomasa, el viento, el Sol y el agua. Porque bajo el suelo de la península no hay combustibles fósiles –tenemos poco carbón y es sucio, apenas gas y apenas crudo- y porque aquí tampoco hay minas de uranio (y sí, sin embargo, un cierto rechazo a ciertos residuos milenarios).
Recursos renovables sin embargo sí que hay. Abundantes. España goza de más horas de Sol que ningún otro rincón de Europa (pese a lo cual nuestro parque solar fotovoltaico nacional suma hoy solo 4.674 megavatios; frente a los 11.600 del Reino Unido, o los 19.300 de Italia). Tenemos además mucho, mucho territorio: forestal, de matorral y cultivable (España es el segundo país más vasto de toda Europa Occidental, solo por detrás de Francia). Y contamos, por fin, con vientos generosos en muchas comarcas (nuestro parque eólico nacional tiene hoy 23.000 megavatios; el de Alemania supera los 50.000).
Producto Interior Bruto
Hay mucho recurso, sí; hay mucho potencial por explotar, pues; y ya tenemos además un cierto patrimonio renovable, un patrimonio que el «Estudio Macroeconómico…» que nos ocupa repasa, exhaustivo. Según ese documento, el sector nacional de las energías renovables contribuyó el año pasado con 8.511 M€ al “Producto Interior Bruto”; pagó a las arcas del Estado mil millones de euros en forma de “impuestos”; y trajo a España desde el exterior otros 2.973 M€ de “ingresos netos”, porque la industria española de las energías renovables exportó el año pasado más bienes y servicios (4.208 M€) que los que importó (1.235 M€).
Buena parte de la culpa de que las exportaciones del sector de las energías limpias sigan siendo muy superiores a sus importaciones la tiene la I+D+i. Según el Estudio de APPA, en 2016, la inversión española en investigación, desarrollo e innovación alcanzó los 234 M€ (el 3,39% de su contribución directa al Producto Interior Bruto nacional). Esa inversión casi triplica la media española (situada en el 1,22%) y se encuentra también muy por encima de la media europea (2,03%). Además –apuntan desde APPA-, España es el segundo país del mundo en porcentaje de patentes renovables sobre el total de patentes, solamente superado por Dinamarca (véase página 47 del Estudio).
Empleo
El sector empleó el año pasado a 74.566 personas (45.500 puestos de trabajo directos y 29.000 indirectos). La plantilla nacional renovable perdió un 3,6% de sus efectivos el año pasado (el sector empleaba un año antes, en 2015, a más de 77.300 personas, por lo que la destrucción de empleo respecto a 2015 fue de 2.760 puestos). Esa caída, sumada a todas las acumuladas desde el año 2009, deja la tasa de empleo en el nivel más bajo de la serie analizada. El sector ha perdido en los últimos ocho años –lamenta APPA- más del 40% de sus puestos de trabajo (en 2009 empleaba a 127.877 personas a nivel nacional).
La destrucción de empleo ha sido más acusada en los sectores de la biomasa para generación eléctrica, los biocarburantes, la solar térmica y la minihidráulica (más adelante concretamos los datos). Sin embargo, también es cierto que ha habido tecnologías que han creado empleo neto en 2016. A saber: la eólica (+535), la fotovoltaica (+182), la termosolar (+76), la geotermia de baja entalpía (+19), la marina (+17) y la minieólica (+15). Enfrente de estas, el año pasado perdieron empleados la biomasa eléctrica (-2.866), los biocarburantes (-457), la solar térmica (-131), la minihidráulica (-123), la biomasa térmica (-24) y la geotermia de alta entalpía (-4).
La política energética y sus consecuencias
La causa principal de esa destrucción de empleo hay que buscarla en ciertas medidas regulatorias aprobadas por el Ejecutivo Rajoy. Según APPA, entre los años 2013 y 2016 la retribución de las energías renovables –que está regulada por el Gobierno- se ha reducido en un 21%, es decir, que el precio que los productores de energías renovables cobran por los kilovatios que producen en sus instalaciones ha caído, en solo tres años (en plena crisis, además), hasta 21 puntos. Ha caído o, para ser más precisos, ha sido recortado por el Ejecutivo a través de una serie de decretos que, además, han acabado espantando a los inversores (“cuando veas las barbas del vecino recortar, pon las tuyas a remojar”, que dice el refranero).
Simultáneamente, el mismo Ejecutivo ha incrementado la presión fiscal sobre el sector renovable, diseñando gravámenes de nuevo cuño, como el impuesto al Sol o la Tasa Soria del 7%, gravamen este último ideado por el anterior ministro del ramo, José Manuel Soria, y que por cierto ha sido denunciado por el sector ante Bruselas (esa tasa no existe en otros países de la UE, y estaría perjudicando la competitividad de las empresas españolas en el mercado único europeo). En fin, política dura de “Recorte de los Ingresos y Subida de los Impuestos” que ha dejado al sector paralizado. Las renovables ya instaladas, en todo caso, siguen haciendo frente a sus obligaciones fiscales. Así, pagan cada año, como se dijo, más de 1.000 M€ en impuestos.
España contra el Resto del Mundo
En el resto del mundo la tendencia es inversa: muchos gobiernos siguen facilitando –con ayudas directas o exenciones fiscales- la instalación de potencia renovable (hay países que subvencionan hasta las baterías de los autoconsumos fotovoltaicos). Así, el mundo ha instalado en 2016 más potencia renovable que nunca antes en un solo año. Además, lo ha hecho a mejor precio: el Planeta instaló en 2016 un 9% más de potencia que en 2015, pero con un 23% menos de inversión. O sea, que la I+D+i está dando sus frutos en todas partes, de modo tal que, en todas partes (o en casi todas), cada vez es más barato instalar un megavatio fotovoltaico, o de eólica marina, o termosolar…
De regreso a las cifras macro
Según el Estudio de APPA, la contribución al PIB español total del sector renovable (los 8.511 M€ susodichos) ha crecido en 2016 un 3,3% en términos reales con respecto a la registrada en 2015 (además, este es el segundo año consecutivo de crecimiento, lo que denotaría una cierta, tímida, recuperación del sector). El peso de las renovables en el PIB total se ha quedado en todo caso en el 0,76%, muy lejos de los datos de 2012, cuando superó el 1%. Por tecnologías, la contribución al PIB en 2016 ha sido esta: fotovoltaica (32,37%), eólica (22,38%), termosolar (16,45%), biomasa eléctrica (15,44%), biocarburantes (6,91%) y minihidráulica (3,80%).
La generación de energía con fuentes renovables contribuye a reducir la dependencia energética que tiene España, dependencia que en 2016 alcanzó una tasa del 72,3% (importamos 72 unidades energéticas de cada 100 que usamos; estamos 18 puntos por encima de la media UE). El año pasado, la generación renovable alcanzó los 104.465 gigavatios hora (frente a 97.103 en 2015). Según APPA, las tecnologías renovables (gran hidráulica excluida) evitaron, en lo que se refiere a la generación eléctrica, importaciones de combustibles fósiles por valor de 1.818 M€ (los biocarburantes, que también evitaron importaciones, tampoco los incluimos en ese ahorro; de ellos hablaremos en las páginas 52 y sucesivas).
De los malos humos y su impacto sobre la salud
Otro ahorro que producen las fuentes renovables de energía es el asociado al CO2. Según el Estudio Macroeconómico 2016, la generación eléctrica renovable española evitó el año pasado la emisión a la atmósfera de 36 millones y medio de toneladas de CO2, lo que generó un ahorro económico de 196 M€ (a razón de 5,35 euros por tonelada de CO2). Si a esa cantidad le sumamos el ahorro en CO2 derivado del uso de los biocarburantes (que desplazan también a combustibles fósiles más contaminantes), el ahorro en derechos de emisión se eleva en 2016 hasta los 279 M€. Quede claro no obstante que ese número es muy volátil. Hace diez años, en 2007, el precio del CO2 alcanzó su máximo: 22,21 euros, y no es improbable que vuelva a subir a corto o medio plazo, por lo que los ahorros asociados a este ítem volverían a ser mayores.
Además, producir electricidad con un aerogenerador o en una placa solar también evita la emisión de otros gases contaminantes que no tienen mercado propio, como el óxido de nitrógeno (NOx) o el dióxido de azufre (SO2). Según el Estudio de APPA, la generación eléctrica renovable evitó en 2016 la emisión de 32.002 toneladas de NOx y de 40.802 toneladas de SO2. Más aún: la electricidad renovable ha evitado en los últimos diez años la emisión de 723.670 toneladas de estos gases, tan perjudiciales para el medio ambiente (lluvia ácida) como para la salud de las personas. El apunte de APPA no es baladí. Según la Organización Mundial de la Salud -«Calidad del aire ambiente (exterior) y salud», septiembre de 2016-, "los ingresos hospitalarios por cardiopatías y la mortalidad aumentan en los días en que los niveles de SO2 son más elevados". Más aún: según la Agencia Internacional de la Energía, cada día mueren alrededor de 18.000 personas (cada día) como resultado de la contaminación del aire.
Del aire que respiramos los españoles también hay estudios
En España, el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente -que es una organización acreditada ante la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente- publicó el pasado mes de julio un informe sobre los gases contaminantes emitidos por las centrales térmicas españolas que queman carbón. Pues bien, según ese informe, que se titula «Un oscuro panorama», y que recoge datos relativos a las emisiones registradas en 2014, los gases contaminantes emitidos por las 15 centrales térmicas españolas estudiadas, las 15 de carbón, “se pueden relacionar con 709 muertes prematuras, 459 altas hospitalarias por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, 10.521 casos de síntomas de asma en niños asmáticos; 1.233 casos de bronquitis en niños y 387 casos de bronquitis crónica en adultos".
La radioactividad y el cambio climático -el CO2, el dióxido de azufre, el metano- perjudican seriamente la salud, como ya sabemos todos. Y que vuelen desde España 30.000 millones de euros al año en facturas energéticas con rumbo a naciones como Arabia Saudí -donde a las mujeres se les tiene prohibido conducir- o Níger, donde Boko Haram sigue atropellando derechos, también perjudica seriamente... la inteligencia.
El más grave problema de la economía nacional española es la dependencia, energética, esa que desequilibra la balanza comercial toda. Y la solución -barata y más saludable- tiene Marca España y dícese energías renovables: el Sol de Andalucía y el de las dos castillas, el cierzo de Aragón, la Tramontana, el viento de Levante, los bosques de Galicia, el marzo airoso y abril lluvioso, la chicharrera de julio y la solanera de agosto.
Sí, la solución -barata y más saludable- tiene Marca España, porque presenta la mejor cara de esta tierra allende las fronteras (somos la segunda potencia del mundo en patentes renovables, solo por detrás de Dinamarca) y porque, puertas adentro, hace país. Todo eso y mucho más ha venido a contar el último «Estudio del Impacto Macroeconómico  de las Energías Renovables» que ha hecho público hoy APPA.
A continuación, extractamos 10 claves de comprensión de este Estudio macro
• El sistema eléctrico nacional contaba con 105.279 megavatios de potencia instalados a finales de 2016. Las tres tecnologías que más potencia aportan son el ciclo combinado de gas natural (26.670 MW); la eólica (23.057 MW); y la gran hidráulica (20.253). El 48,8% del total de la potencia es renovable: 51.430 MW (aquí incluimos la gran hidráulica).

• En 2016, los costes totales del sistema eléctrico ascendieron a 29.437 millones de euros, de los que el 59,9% (17.622 millones) correspondieron a los costes de las actividades reguladas (en las actividades reguladas –el transporte, la distribución, las renovables, etcétera- los precios los pone el Gobierno); y el 40,1% (11.815 millones) a los costes liberalizados (el Gobierno establece las reglas de funcionamiento del mercado, y el mercado funciona conforme a esas reglas; de ese mercado sale esta otra cantidad).
• Made in renovables. La eólica, con 23.057 MW, es la tecnología renovable con más potencia instalada en nuestro país, como decíamos arriba. A continuación, de más a menos, encontramos la fotovoltaica (4.674 MW); la termosolar (2.300 MW); la minihidráulica (2.102 MW); y la biomasa (1.038). Según Red Eléctrica de España, el año pasado las tecnologías renovables añadieron al sistema eléctrico nacional 37 megavatios de eólica y 10 de fotovoltaica.
• Quién produjo más electricidad. Las energías renovables (incluida la gran hidráulica) cubrieron en 2016 el 39,7% de la demanda eléctrica peninsular, 2,8 puntos más que en 2015. En concreto, en 2016 generaron 104.465 gigavatios hora (casi el doble de lo que produjeron en 2006). El año pasado, la nuclear produjo 56.099 gigavatios hora (GWh); el gas, aproximadamente 55.000; el carbón, 37.491.
• El sector renovable es un contribuyente fiscal neto a la economía española. Es decir, que los impuestos satisfechos por las empresas renovables –explican desde APPA- han sido siempre, a lo largo de todos estos años, superiores a las subvenciones recibidas.
• El año pasado España solo instaló 43 MW renovables nuevos, lo que confirma -apunta la asociación- la paralización del sector de las energías renovables, que entre 2008 y 2013 instaló una media de 2.500 MW anuales.
• El sector renovable empleó el año pasado a 74.566 personas (45.500 puestos de trabajo directos y 29.000 indirectos). En 2009, empleaba a 127.877.
• Las primas que recibieron las tecnologías renovables en 2016 ascendieron a 5.360 millones de euros. Y se distribuyeron así: 2.432 M€ para la fotovoltaica; 1.276 para la termosolar; 1.254 para la eólica; 320 para la biomasa; y 77 para la minihidráulica.
• APPA calcula que las energías renovables –en lo que se refiere exclusivamente a la electricidad- produjeron el año pasado ahorros para la economía española valorados en 7.384 millones de euros (M€): 5.370 M€ por abaratamiento del precio en el mercado mayorista (cuanta más es la oferta de energías renovables, más baja el precio); 1.818 millones de euros en importaciones (la electricidad que produjeron las fuentes de energía autóctonas nos la ahorramos en divisas, las que hubiéramos precisado para comprarle a potencias extranjeras una cantidad equivalente de energía; equivalente a la producida aquí por el viento, el agua y el Sol de España); y 196 M€ en derechos de emisión (el que contamina paga; y el que no lo hace, se lo ahorra).


• Pero las fuentes renovables de energía no solo generan electricidad. También producen calor (energía térmica) y movimiento (transporte). Según el Estudio Macroeconómico 2016 de APPA, las energías limpias supusieron el año pasado el 13,9% de toda la energía primaria consumida, y el 15% de todo el consumo de energía final. Entre todas ellas, evitaron la importación de casi 20 millones de toneladas equivalentes de petróleo, lo que ha supuesto en 2016 un ahorro en importaciones energéticas equivalente a 5.989 millones de euros".

Fuente: https://www.energias-renovables.com/panorama/las-renovables-le-ahorraron-el-ano-pasado-20171102

Canarias podría cubrir 22 veces su demanda con energía eólica marina



10/11/17
La energía eólica marina por la que algunos países han comenzado a apostar tiene un potencial enorme en Canarias: las Islas podrían cubrir 22 veces su consumo eléctrico sólo con ese tipo de aerogeneradores, usando el 12 % de sus aguas territoriales y con un coste un 23 % más barato. 
Tabla incluida en la investigación. Fuente: EnergyEstos son los resultados de un artículo de investigación sobre el potencial de la energía eólica marina en Canarias de la profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Julieta Schallenberg, miembro del comité formado por 30 expertos que asesora la Comisión Europea a la hora de fijar prioridades en materia energética, según informa en un comunicado la Agencia EFE
El trabajo desarrollado por la profesora del Departamento de Ingeniería de Procesos analiza, a través de indicadores económicos, físicos y ambientales, las aguas que circundan el Archipiélago para determinar cuáles serían adecuadas para instalar parques eólicos marinos fijos o flotantes (hasta 500 metros de profundidad) que produzcan energía por menos dinero que los que se desarrollan actualmente. 

Un 45% de la demanda eléctrica debe ser de origen renovable para 2025 

Canarias se ha propuesto oficialmente llegar a 2025 con el 45% de su demanda de electricidad cubierta con fuentes renovables. Sin embargo, la realidad muestra que, a día de hoy, el Archipiélago es una de las comunidades españolas más rezagadas en este campo, ya que el 92% de su consumo de energía se abastece mediante centrales térmicas que queman derivados del petróleo y a un precio muy caro. 
De hecho, producir un kilovatio/hora cuesta en Canarias entre 18,44 euros en Tenerife (la isla donde resulta más barato) y 26,32 euros en El Hierro (la isla más cara). Es decir, 3,5 veces más, de media, que en la península (19,11 frente a 5,7 euros/kwh), un sobrecoste que no se repercute a los consumidores locales, sino que se reparte entre todos los españoles en la factura de la luz. 
Este trabajo reconoce que Canarias tiene planes para ampliar su parque de energías renovables, compuesto ahora por 153 megavatios eólicos y 166 solares, pero ello conllevaTabla incluida en la investigación. Fuente: Energyconsumir bastante suelo, un bien muy escaso en cualquier isla. Y más aún en las Afortunadas, donde el 40 % del territorio es espacio natural protegido.
La profesora Schallenbergha analizado para la revista internacional especializada Energy qué zonas del mar de Canarias tienen condiciones óptimas de viento para producir electricidad, tanto a profundidades de menos de 50 metros (donde se pueden colocar aerogeneradores fijos) como de 50 a 500 metros (hábiles para turbinas flotantes), y prescindiendo de aquellas zonas protegidas, militares, áreas pesqueras y de acuicultura, rutas de navegación, o que por aproximación a los aeropuertos o cualquier otra actividad, puedan interferir los parques eólicos. 
Los resultados arrojan que en Canarias existen 3.950 km2 de superficie marina, con cabida para 1.980 aerogeneradores fijos y 9.465 flotantes que podrían producir 178.988 gigavatios/hora al año (22 veces el consumo total anual de electricidad de las Islas). 
La autora recalca que sólo han computado aquellos parques económicamente viables, incluyendo todo tipo de costes: de inversión en la construcción, operativos y de integración de la energía en la red (como subestaciones o sistemas de almacenamiento). 
Según sus cifras, Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria y Tenerife podrían abastecerse al 100 % sólo con aerogeneradores marinos fijos en profundidades inferiores a 50 metros, La Gomera requeriría de un 70 % de turbinas fijas y de un 30 % flotantes, y La Palma y El Hierro dependerían mayoritariamente de estas últimas, pero también a costes viables (un 30 % más baratos que el actual). 
El trabajo explica cuál es el potencial de la energía eólica marina en Canarias de otra manera: para cubrir toda la demanda eléctrica actual de las islas con aerogeneradores en tierra se necesitarían 1.350 turbinas de 2 Mw que ocuparían 500 km2 de terreno (el equivalente a sembrar de molinos eólicos dos islas enteras del tamaño de El Hierro). Sin embargo, con la eólica marina, bastarían 515 turbinas de 5 Mw (370 fijas y 145 flotantes), que sólo ocuparían 180 km2 de mar. 

El puerto de Granadilla, de el gas a la transición energética.







Ver la entrevista aquí: https://vimeo.com/239709625


Entrevista a D. Antonio Cabrera, portavoz de la Plataforma por un nuevo modelo energético para Canarias (Px1nmec) en El Día Televisión. (23/10/17)

La entrevista comienza en el minuto 10.

La obsesión europea por el gas: del cambio climático al dinero público


A partir del conflicto del gas entre Rusia y Ucrania en 2006 y 2009, en la Unión Europea (UE) arraigó una obsesión por la diversificación de los proveedores de gas para garantizar la seguridad del suministro, algo que tomó cuerpo definitivo en la Unión de la Energía. Esta estrategia, publicada en 2015, coloca al gas en el centro de la apuesta energética europea. El llamado “paquete de invierno”, presentado en febrero de ese año, contiene documentos estratégicos que aterrizan esa estrategia, y suponen una especie de bendición papal para la construcción de más infraestructuras de gas, en forma de gaseoductos o de terminales de importación de Gas Natural Licuado (GNL). Y además de en nombre de la seguridad, este impulso se produce alimentado por un doble mantra discursivo, repetido como una letanía por el Comisario de Energía Miguel Arias Cañete: el gas es una apuesta pasajera y además es limpio.
Pero ni el gas es limpio ni Europa necesita más infraestructuras en un escenario de demanda menguante. Los proyectos que se multiplican por la geografía europea tienen más de negocio que de interés público y necesidad real, y sirven para alimentar una nueva burbuja que nos dejará una hipoteca inútil en unos años. Y en pos de este fin la UE está dispuesta a aliarse con el diablo: la diversificación del suministro se dirige a países con un triste récord en el respeto a los derechos humanos.

Un puente hacia el desastre

La idea del gas como puente de transición entre el pasado negro del carbón, y el futuro limpio de las renovables, tiene un innegable poder narrativo, pero no se sustenta en hechos, ni mucho menos en una hoja de ruta trazada. El desarrollo del gas, particularmente a partir del 'boom' del fracking estadounidense, ha desplazado ciertamente en parte al carbón, pero también ha obstaculizado el desarrollo de las renovables y, según varios estudios, lo seguirá haciendo en el futuro si no se toman medidas.
Por otro lado, la consideración del gas como combustible limpio se basa en el hecho de que, durante la combustión, sus emisiones de CO2 son menores. Hasta un 50% menores que las del carbón y en torno a un 30% menores que las del petróleo. Sin embargo el gas natural está compuesto principalmente por metano. Y si el metano se escapa a la atmósfera antes de ser quemado en la central térmica, tenemos un problema muy serio. El metano es un gas con un potencial de calentamiento muy superior al del CO2. Para un periodo integrado de 20 años el metano es 86 veces más potente que el CO2. Ahí es nada.
Se considera al gas "limpio" porque durante la combustión sus emisiones son menores que las del petróleo o el carbón
Debido a su corta vida media en la atmósfera, el metano va desapareciendo pronto de la misma, mientras que el CO2 permanece en ella cientos de años. La ciencia nos dice que si la Tierra sigue calentándose al ritmo que lo ha venido haciendo en los últimos años, en el próximo lustro alcanzaremos 1,5ºC por encima de la era pre-industrial. Así que teniendo en cuenta la situación de emergencia climática y el escaso tiempo de reacción que tenemos para revertirla, lo que ocurra en la atmósfera en los próximos veinte no parece baladí.
El gas natural se encuentra en condiciones de presión tanto en el subsuelo como en las infraestructuras que lo contienen, por lo que tiende a escapar en todas las etapas de la cadena de suministro; recientes investigaciones han hallado fugas significativas incluso en etapas de la preproducción que se asumían bajas en emisiones, incluyendo la propia perforación del pozo.
En la comunidad científica se viene aceptando que las ventajas climáticas del gas sobre otros combustibles fósiles son inmediatas siempre y cuando se logre mantener las fugas de metano controladasy por debajo de no más de un 3% teniendo en cuenta todo el ciclo de vida, desde el pozo hasta la central. Sin embargo en los últimos cinco años se viene acumulando evidencia científica que nos habla de fugas muy superiores, y que dan al traste con los valores de fuga asumidos hasta ahora por organismos oficiales como la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA). Se esfuma, pues, la ventaja climática. La cuestión es particularmente grave en el caso de las explotaciones de gas no convencional, donde se han encontrado fugas incluso por encima del 15%. Trabajos como los del profesor Howarth de la Universidad de Cornell nos muestran claramente como, una vez integradas las emisiones de metano a las de CO2, nos encontramos con una huella climática para el gas de esquisto que puede llegar a ser 3 veces la del carbón.
Además es importante resaltar que cuando hablamos de GNL, las emisiones son hasta un 22% mayores, ya que en ese caso es necesario integrar también las emisiones procedentes de los procesos de licuefacción, transporte y regasificación.
La conclusión contundente es que el gas natural no supone a día de hoy ninguna ventaja climática, en particular si el gas se ha extraído mediante la técnica del 'fracking', y muy especialmente si el gas es importado en forma de GNL. Esto es de especial relevancia si tenemos en cuenta que Trump ha decidido apostar sin condiciones por la exportación de GNL para dar salida a su excedente de gas de esquisto, como lo demuestran las cuatro nuevas plantas de exportación autorizadas en pocos meses, todas en el golfo de México, que se suman a la ya operativa de Sabine Pass, en Texas. Empresas como Gas Natural Fenosa o Iberdrola llevan algunos años firmando contratos con la estadounidense Cheniere para hacerse con una parte del pastel.
Aunque el destino del GNL es principalmente el mercado asiático, España ya ha recibido buques cargados con el "gas del fracking"
Aunque el destino del GNL de EEUU está siendo en principio el mercado asiático, España y otros lugares de Europa ya han recibido algunos cargamentos de gas de 'fracking' por esta vía, y este mercado bien podría incrementarse en el futuro. Como muestra de la huella climática, un botón: Un solo tránsito de gas no convencional que sale de Sabine Pass y llega, por ejemplo, a Barcelona, acumula al descargar en el puerto las emisiones de CO2 equivalente de entre 40.000 y 80.000 europeos en un año.
Políticas climáticas encaminadas a reducir las emisiones de metano tendrían un efecto bastante inmediato sobre la temperatura del planeta. Una primera medida imperativa sería por tanto dejar de apoyarse en el gas natural como solución y no construir ni una sola infraestructura más. Solo así podrá la UE cumplir con sus objetivos climáticos y con el Acuerdo de París.

La fiesta del gas la pagamos todos

Pese a que el consumo de gas en la UE-28 aumentó de manera sostenida (+3% anual) en el periodo 1990-2005, tras unos años sin crecimiento, ha padecido un descenso significativo (un 23% entre 2010 y 2014) situándose a niveles del año 1995. A pesar de esta caída de la demanda y de que existen evidencias de que a día de hoy el sistema, en buena medida infrautilizado, es razonablemente resiliente, y capaz de hacer frente a situaciones de emergencia, el dinero público continúa fluyendo hacia este tipo de infraestructuras, que a menudo implican enormes costes ambientales y sociales sobre el territorio.
Muchos de estos proyectos se benefician de un estatus especial, el de Proyectos de Interés Común (PIC), que les permite acceder tanto a trámites agilizados de autorización y de Evaluación de Impacto Ambiental, como a financiación comunitaria. Pensados principalmente en un inicio para la interconexión eléctrica y la financiación de redes inteligentes, más de la mitad de los proyectos bajo esta categoría son, a día de hoy, sin embargo, proyectos gasísticos. Dos de cada tres euros del fondo que financia los PIC, el Connecting European Facility (CEF), que cuenta con un presupuesto total de 5.800 millones, han servido hasta ahora para financiar proyectos de gas.
Mecanismos financieros como los usados en el proyecto Castor minimizan el riesgo empresarial de la inversión en gas
Aparte de la financiación proveniente de fondos públicos específicos como el CEF o el Plan Juncker, en la Europa de la austeridad y en plena oleada de recortes de los sistemas sanitarios y educativos, de merma de los sistemas de protección pública y de un debilitamiento sistemático de las condiciones de las personas trabajadoras, los bancos públicos europeos como el Banco Europeo de Inversiones (BEI) o el Banco para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) se dedican a destinar inversiones millonarias y a avalar el desarrollo gasístico ofreciendo todo tipo de garantías. La utilización de mecanismos financieros como los Projects Bonds Initiative 2020 (popularizado por el sonado caso del fallido almacén de gas Castor), que minimizan el riesgo empresarial de la inversión y socializan las pérdidas, está a la orden del día.
El hecho de que las infraestructuras intenten atraer la inversión de los mercados de capitales hace que ésta se dirija solamente hacia los megaproyectos por grandes corporaciones. Se desdibuja así el objetivo del interés público de las inversiones que es desplazado por criterios de rentabilidad. Así las cosas, los proyectos de gas bien podrían representar la nueva burbuja económica. Habida cuenta la huella climática discutida anteriormente, todas estas infraestructuras, que tienen la expectativa de utilizarse durante varias décadas, deberían convertirse en activos financieros en desuso en un escenario de regulación climática. Más allá de la financiarización de las infraestructuras también existe una evolución de las relaciones de compra-venta de gas que beneficía a la esfera financiera. Los contratos bilaterales de suministro a largo plazo con el precio indexado al petróleo y las cláusulas take or pay y de destino, que obligan al comprador a pagar parte del gas aunque no lo importe, dan paso a unos contratos más flexibles con cláusulas de destino abierto y el precio fijado a través la oferta y la demanda en un mercado spot, permitiendo crear un mercado secundario donde el gas se tornaría un activo financiero.

Pacto con el diablo

La UE se ha embarcado en proyectos multimillonarios como el Corredor de Gas del Sur (CGS), una tubería de 3500 km que, con un coste estimado de 45.000 millones de dólares, pretende traer gas desde Azerbaiyán hasta Italia a través de Turquía. O el GALSI, un nuevo gasoducto que cruza el mediterráneo desde Argelia. La forma en que Europa pretende asegurar el suministro y diversificar las fuentes consiste por tanto, en sustituir gas ruso por gas azerí y argelino. Es decir, seguiremos igual de “dependientes” del gas. Y para ello no nos andaremos con escrúpulos a la hora de elegir socios comerciales. El régimen de Azerbaiyán viola sistemáticamente los derechos humanos, donde los disidentes son encarcelados y torturados. El comportamiento de Turquía en este capítulo no es mucho mejor. Argelia, que se colocó en la primera plana de las noticias a comienzos de 2015 por las revueltas antifracking en el Sahara, tampoco es un régimen modélico en términos de corrupción y represión.
Otros suministradores de gas de la UE son Qatar, Nigeria, Arabia Saudí, Egipto, Libia o Kazajistán. Por tanto la UE asume ser cómplice de regímenes corruptos y poco o nada democráticos con tal de asegurarse más gas que no necesita. No parece que responda al sentido común. Además, el desarrollo de estos proyectos se cobra también su cuota de represión en territorio europeo, como lo demuestran las recientes cargas policiales en la región italiana de Puglia ante las protestas por las obras del CGS.

¿Y el Estado español?

En el caso del Estado español la sobrecapacidad del sistema gasístico es clamorosa. Nuestro país dispone de más del 35% del potencial de regasificación de la UE. Sin embargo las regasificadoras nunca han funcionado a más del 40% de su capacidad. Asímismo la orgía de construcción de centrales térmicas de ciclo combinado (CTCC) en años pasado ha motivado que estas instalaciones funcionen hoy tan solo a un 13% de su capacidad, aunque a pesar de ello cobren unos 700 millones de euros al año en concepto de pagos por capacidad. Esta infrautilización, lejos de permitir a nuestros gobernantes concluir que no son necesarias nuevas infraestructuras, les animan a defender nuevos proyectos como el almacén de gas en Doñana o el gasoducto MidCatque nos conectará con Francia, por no hablar del aliento doméstico al hoy desinflado sueño del fracking, ignorando la fuerte contestación social. Parece así que el propósito de estas nuevas infraestructuras no responde a una necesidad de garantizar el suministro sino más bien a la necesidad de darle alguna salida precisamente a tanta sobrecapacidad: ya que la tenemos, habrá que darle algún uso, parecen haber pensado.
El sueño del ex-ministro Soria de convertir a España en un hub europeo del gas sigue vivo. Lo del clima es pecata minuta cuando se trata de negocios. Total, si ya nos ofrecimos abiertamente en su día a ser la puerta de entrada en Europa de las arenas asfálticas de Canadá –otro combustible de nefasta huella climática -, ¿por qué no el gas, si en España no tenemos ni sol ni viento?
* Samuel Martín-Sosa es doctor en Biología por la Universidad de Salamanca y miembro de Ecologistas en Acción.
* Alfons Pérez es ingeniero técnico en electricidad e investiga en el Observatorio de la Deuda en la Globalización.

Granadilla cambia su modelo turístico por las plataformas petrolíferas.





   
        (7/11/17)

Las plataformas petrolíferas han introducido dos corales tropicales invasores en Canarias



Las plataformas petrolíferas que desde 2011 forman parte del paisaje de los puertos de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife han introducido en las islas dos corales tropicales potencialmente invasores que ya comienzan a formar colonias fuera de los muelles.
La revista del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife publica este mes un trabajo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL), el Centro de Investigaciones Ambientales del Atlántico, el Museo del Mar de Ceuta y la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno canarioque documenta por primera vez en las islas la presencia de los coralesTubastraea coccinea y Oculina patagonica.
Los autores del trabajo, cuyo primer firmante es Alberto Brito, de la Unidad de Ciencias Marinas de la ULL, recuerdan que en los últimos años se han observado en los grandes puertos de Canarias peces tropicales propios del golfo de Guinea, el Índico o Suramérica que, en muchos casos, nunca se habían visto antes en las islas.
Hace apenas un año, un equipo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria presentó en la revista Journal of marine systems un estudio que demostraba que esos peces habían llegado al puerto de La Luz con las plataformas petrolíferas, unas estructuras enormes que se desplazan muy lentamente por el océano a lo largo de miles de millas, comportándose como auténticos arrecifes artificiales.

En esta ocasión, el equipo liderado por la Unidad de Ciencias Marinas de la ULL muestra cómo esas mismas plataformas han introducido en las dos capitales canarias un coral originario del Pacífico y adaptado a aguas tropicales que nunca se había visto tan al norte (la Tubastraea) y también han permitido, en el caso del puerto de La Luz, que prolifere la Oculina, una especie suramericana que nunca que se había detectado en el Atlántico oriental, aunque sí en el Mediterráneo, donde ya ha hecho saltar varias alarmas.
Las aguas costeras de Canarias oscilan entre los 17 y los 25 grados
Los investigadores creen que el primero de los dos en llegar probablemente fue la Tubatraea coccinea, porque ya ha conseguido expandirse fuera de los muelles donde atracan las grandes plataformas de la industria petrolera y ha formado colonias no solo en la playa portuaria de Las Alcaravaneras, sino también en otros dos puntos de la costa de Gran Canaria situados 11 y 30 kilómetros al sur: en Jinámar (Telde) y en los fondos de El Cabrón (Agüimes). En el caso de la Oculina patagonica, se han localizado dos colonias en el puerto de La Luz: una en las propias paredes de los muelles y otra en las rocas de la playa de Las Alcaravaneras.
«La colonización parece un proceso reciente y muy probablemente se relaciona con la llegada, sobre todo a partir de 2011, de plataformas petrolíferas a los dos principales puertos canarios, la mayoría procedentes de zonas tropicales del Atlántico, como Brasil, el Caribe o el golfo de Guinea, pero también del Indo-Pacífico y del Mediterráneo», explican los autores del artículo.
Las plataformas petrolíferas, añaden, han transportado consigo hasta Canarias «una notable cantidad de fauna tropical», que en algunos casos ha logrado proliferar en las islas gracias a las largas estancias de esos navíos en los puertos (muchos de ellos llevan numerosos meses atracados en reparación o espera de destino).
Sin embargo, también subrayan que el cambio climático ha derribado las barreras naturales que hasta hace poco impedían que una especie tropical llegada a Canarias con el tráfico marítimo se adaptara a sus aguas. A ello ha contribuido, «sin duda», apuntan, el hecho de que la temperatura de las aguas costeras de Canarias oscile en estos momentos entre los 17 y los 25 grados, con una media de 21.
En el caso de la primera de las dos especies de corales detectadas, los autores expresan su temor a su potencial para «invadir» a corto y medio plazo las costas de Canarias, «por su demostrada capacidad para expandirse rápido y recubrir los fondos con altas densidades», como ya comienza a verse en Gran Canaria.
En cuanto a la Oculina, reconocen que el hecho de que por ahora no haya salido del puerto de La Luz «no permite plantear hipótesis sobre un riesgo de invasión», pero también recuerdan que «en el Mediterráneo se está expandiendo con rapidez» y que «las condiciones del mar canario son óptimas para su desarrollo».
Por ello, alertan de que «la presencia de estos corales modificará la estructura de las comunidades bentónicas» de los ecosistemas marinos de Canarias y llaman a las administraciones ambientales a vigilar su expansión y valorar su impacto.